Los Incontados, Mapa Teatro, en el Marco de Experimenta Sur

June 2nd, 2014

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La primera vez que vi Los Incontados de Mapa Teatro no quería reírme, y aún así me reí. Me molestaba mi propia risa. ¿Cómo reírme de mi historia? Así que tenía que volver a ver la obra.

La obra Los Incontados empieza con el encuentro fortuito de esa cinta en la que la voz resucitada del Cura Guerrillero, Camilo Torres, dice que hay que abandonar el carnaval y empezar en serio la revolución. La seriedad que proponía el cura guerrillero como el lugar desde donde podría emerger esa revolución, sólo termino en un simulacro: simulacro de carnaval y simulacro lingüístico; la fiesta donde capos desnudan a sus invitados y músicos, donde la euforia pertenece a un guión, en el que lo único que resta por hacer es reírse, reírse de su propio infortunio y suerte, reírsele a la dignidad que nos abandonó, como también reírse de la tristeza del otro, es el lugar del simulacro del carnaval. Pero no más! No quiero reír. No más. No quiero fiesta, quiero carnaval. No quiero la fiesta del capo, ni “la fiesta” como la llaman mis estudiantes con un acento particular en el artículo singular femenino la; yo quiero carnaval. Pero no el carnaval que exporta la marca CO en Nueva York, con imágenes de su carnavalarte y su frase celebre de “Así es Colombia, ” un lugar donde “con gran colorido durante todo el año, Colombia le brinda a los turistas extranjeros un sinnúmero de ferias y fiestas por todo el país que resaltan lo mejor de la cultura de cada región.”[1] No. Pero, ¿será que en un país donde el carnaval se domesticó en la figura de la fiesta como un dispositivo de represión de la acción, de consumo de la euforia y de los cuerpos, como producto de esa marca país CO –evidentemente yo estoy haciendo una distinción entre carnaval y fiesta que no sé si al final de este texto será fructífera- se le podrá seguir pensando como ese espacio de transgresión?

El Cura Camilo apelaba a la seriedad de la revolución, en una marcada oposición entre la risa descontrolada del cuerpo y la seriedad obtusa del pensamiento. El carnaval era para el cura Guerrillero la distracción del pan y circo, la imposibilidad de pensar la miseria tras el disfraz de la máscara que se ponía el políticos y que le recordaban “aquellas cortes decadentes del Renacimiento, donde los dirigentes realizaban juegos florales, charadas y pantomimas, mientras el pueblo se debatía en la miseria.” Esa oposición ficticia en la que la revolución pareciera no tener cuerpo, ni estar hecha a partir del éxtasis de la violencia, de la fractura del cuerpo, del golpe, del latigazo, del grito y el puño, y que deja la lucha armada como última opción, era mientras tanto reabsorbida por la melancolía, entre el letargo y la euforia. Si para el cura guerrillero la revolución tenía unos medios específicos, la conciencia, el lenguaje, la comunicación y como último recurso la lucha armada, el fin era que las palabras y las cosas coincidieran, que el campesino y su tierra fueran una, que el hambre y la miseria fueran definidas no como el destino de los perezosos e improductivos sino que ellas desataran unas políticas de cambio estructural, a partir de que las palabras de los intelectuales y políticos se convirtieran en acciones. El Cura Camilo señalaba la existencia de dos subculturas cuya comunicación era imposible y Los Incontados nos lo recuerda: “para la clase alta, la revolución es subversión inmoral y para la clase baja cambio constructivo; violencia, para la clase alta, bandolerismo, y para la clase baja inconformismo;” y así, Camilo sigue con una lista de palabras donde su definición emerge a partir de una posición e intereses de clase. Pero si el problema hubiera sido tan solo la distancia semiótica de dos subculturas, tal vez Camilo hubiera tenido la razón. Pero entre la clase baja y alta hay múltiples fuerzas de deseo que deshacen categorías, donde el hampón puede ser político y el campesino poeta, donde precisamente la falta de correspondencia entre las palabras y las cosas propulsan fuerzas de resistencia y de cambio.

En Los Incontados se nos da el discurso ficticio de Escobar. Allí la revolución se torna en la revolución de la noche, en lo tropical de nuestra tierra, en una promesa que siempre hay que celebrar en la fiesta, así la promesa no se cumpla. Fiestas y excesos que prometían un destino bajo Venus y Neptuno lleno de espectacularidad, dinero fácil, para una generación de niños que fueron criados con la marcha de banda donde la fila, la disciplina, solo expresan una fiesta que se simula. No quiero reír más, no quiero justificar lo absurdo del tropicalismo en la risa que finaliza como el único recurso para entender el dolor, cuando lo único que ha hecho es producir la carcajada de aquel que se auto complace en la explotación del otro para beneficio propio.

De la A a la Z oímos a Jeihhco rapear nombres, sobrenombres, apodos, que hablan de todos y de nadie, de una historia que se debate entre la Historia con mayúscula de los victimarios y las historias de las victimas. Hace unas semanas oía la intervención de una funcionaria del Estado colombiano encargada de trabajar con victimas, y decía que éstas estaban produciendo su propio agenciamiento. Como ejemplo ofrecía un acontecimiento que sucedió con El Alemán. En una de las audiencias, una victima le preguntó al Alemán por el lugar donde podría estar su hijo, a lo que el paramilitar respondió diciendo que no sabía puesto que a muchos los habían picado y lanzado al rio. La señora responde, o al menos así lo contó la funcionaria, diciéndole al Alemán que él pudo acabar con la vida de su hijo, pero que hoy los hijos de esos picados estaban vivos. En ese momento los niños salieron a escena y comenzaron, según la funcionaria, a bailar joropo frente al perpetrador. Esta escena me revolvió el estomago. Esto es carnavalarte. La diferencia entre la fiesta del capo y la fiesta de El Alemán y sus victimas es que la de hoy, la paga el Estado con su gran mafia, que quiere a toda costa volver a Colombia un lugar atractivo para la inversión extranjera, el gran simulacro de los sectores productivos, de cada campesino como un Juan Valdez[2], y de cada victima un baile.

Pero, a su vez, es el baile de la planta de coca la que me recuerda el baile como el cuerpo suelto y resuelto a no ser atrapado. Bradley Manning, el responsable del escándalo de Wikileaks, después de dos años y medio de permanecer recluido en una prisión de máxima seguridad, tuvo su primera aparición en la corte en Noviembre del 2012. En esta oportunidad, Manning relató las duras condiciones de su reclusión. Contó que tenía prohibido hacer cualquier tipo de actividad física; así que para mantenerse en forma y sano decidió bailar. Bailar era una acción que no aparecía prohibida en los reglamentos. La evaluación siquiátrica reportó que Manning estaba actuando según su situación y que bailar y “hacer caras” era algo perfectamente normal. Sin embargo, sus carceleros lo sometían a más torturas y severas acciones disciplinarías puesto que consideraban que debían aplacar su locura con fuerza indiscriminada. El bailar resultó para sus carceleros la acción mas amenazadora, intolerable, que al no ser prohibida por las palabras de los manuales y los reglamentos, debía ser prohibida por la violencia en el cuerpo. Hoy Bradley Manning es Chelsea Elizabeth Manning, su cuerpo, aquel que baila, ha cambiado. La mata de coca corre, le huye al fumigador, trata de llenar ese espacio intimo de la sala, con materas que contienen supuestamente matas de coca. Esa invasión del espacio, le responde a la invasión del discurso que ha buscado sobredefinir la coca como cocaína. La mata de coca huye, siempre en movimiento, le huye a la cientifización del discurso, a la penalización del lenguaje, a la erotización del consumo de cuerpos; ella huye, colapsa y salta. Ella es camuflaje y mata, que detrás del baile sigue creciendo como un arbusto.

Y hoy otra vez, Mapa Teatro con Los Incontados me propone reírme, pero yo hoy bailo, a saltitos como un arbusto de camuflaje que es testigo de una guerra. No me quiero reir, la fiesta no puede ser la justificación de un tropicalismo perverso. Quiero bailar sin seguir el paso, tropezando, llorando y gritando, la locura de la sanidad que quiere decir: Colombia, no más!

 

Claudia Salamanca

 

[1] http://www.colombia.co/asi-es-colombia/colombia-todo-un-carnaval.html

[2] Juan Manuel Santos, discurso de Posesión: “VAMOS A DEFENDER AL CAMPESINO COLOMBIANO, vamos a convertirlo en empresario, a apoyarlo con tecnología y créditos, para hacer de cada campesino un próspero Juan Valdez.” Gracias a Angélica Piedrahita por la referencia.

Revista Nómadas No. 38 “El cuerpo de la violencia en la historia del arte colombiano” por Luisa Ordoñez

June 1st, 2014

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Después de un año finalmente pude tener  este texto. Es de la historiadora e investigadora Luisa Ordoñez “El cuerpo de la violencia en la historia del arte colombiano.” En este texto Ordoñez dialoga con obras de arte colombiano incluida algunas de mis piezas. Gracias Luisa!

Finally I got my hands on this wonderful text. The historian and researcher Luisa Ordoñez in her article “The body of Violence in the Colombian Art History” dialogues with contemporary Colombian  art in which the body haunted by violence is inscribed; in her analysis she includes some of my pieces . Thank you Luisa!

Here it is! | Acá esta el texto!

 

Historia del Arte y Poder: Claudia Salamanca, Cuatro imágenes de Falsos Positivos

May 14th, 2014

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Ciclo de conferencias “Historia del Arte y Poder – Tercera Fase: Historias e investigación”
Del miércoles 14 al viernes 16 de mayo de 2014
Organizado por el grupo Cartografías del Arte Contemporáneo
Departamento de Artes Visuales de la Pontificia Universidad Javeriana
Bogotá, Colombia

Viernes 16 de mayo
Auditorio Marino Troncoso, edificio Fernando Barón, PUJ
6:15 pm Claudia Salamanca «Cuatro imágenes de falsos positivos»

Cuatro Imágenes de Falsos Positivos

Esta ponencia consiste en la presentación de cuatro imágenes de muchas, que el ejercito nacional de Colombia fabricó para documentar supuestas muertes en combate, y que en realidad fueron ejecuciones extrajudiciales -lo que hoy se conoce como falsos positivos. La pregunta que se plantea esta ponencia es ¿cómo una imagen entra a producir la legitimidad de un acto de violencia falso cuyo producto son cuerpos muertos reales? ¿Qué es lo falso y lo verdadero de la imagen? ¿Cuál es el terreno de la disputa? ¿La puesta en escena? Estas imágenes documentan algo inexistente y a la vez ciertamente real; ellas apelas a códigos visuales que los perpetradores piden prestados para crear la imagen del enemigo; una imagen que les es solicitada como prueba de su desempeño. Aquí la imagen no es el lugar de disputa de lo real sino la hiperrealización del crimen y de una política de estado. Estas imágenes quieren legitimar una Historia que se ve cuestionada por las múltiples historias que surgen a través de esos otros espectadores, madres, hermanas y esposas de las victimas de los falsos positivos que al ver estas imágenes las consideran irreales. Hiperrealidad e Historia a través de estas imágenes conjuran unos nexos perversos que esta ponencia busca elucidar.  El cuestionamiento surge en lo particular, lo personal y los afectos que se contraponen a la legalidad que la imagen dice testificar; desde el borde y en la intersección de diversas disciplinas y posiciones de sujeto, esta ponencia busca interpelar estas imágenes más allá de ser una fabricación de evidencia.

 

Sin Maquillaje vol. 2. Próximo 25 de Abril

April 24th, 2014

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Sin Maquillaje vol. 2

La Decanatura plantea la segunda edición de la exposición de video experimental “Sin Maquillaje”, una curaduría de artistas mujeres que se ha venido realizando desde el 2013. En esta ocasión fueron invitadas a participar 20 artistas colombianas que reflexionan a partir del medio audiovisual, diversos temas de su cotidianidad, bajo la visión del género femenino.

La exposición reúne diferentes posturas y obras que plantean un juego de identidad frente al trabajo de la mujer en el video, destacando en cada una de ellas, su visión de género e intereses particulares y su realización plástica dentro del medio artístico colombiano. El colectivo La Decanatura, abre esta otra mirada donde el sexto sentido, cualidad exclusiva del género femenino, toma su lugar y nos comparte otro tipo de contemplación del video experimental

Curaduría La Decanatura
(Federico Daza, Elkin Calderón, Diego Piñeros, Daniel Castellanos)

Artistas invitadas:

Adriana García – Alejandra Rincón – Ana Rivera – Ana María Millán -
Ana María Montenegro – Carmen Gil – Carolina Caycedo – Claudia Salamanca – Estefanía López – Juliana Góngora – Liliana Sánchez – Liliana Vélez – María Isabel Rueda – Mariana Jurado – Paola Michaels – Paula Niño – Sandra Rengifo – Tatyana Zambrano – Verónica Valencia – Ximena Díaz

Mesa de discusión: Exposición Sin Maquillaje Vol. 2

“Cosméticos y Maquillajes. Belleza impuesta o estética Glam”

Invitadas: Ginna Fernanda García (Filósofa) – Colectivo Zunga (Artistas de Género) – Artistas participantes: Sin Maquillaje Vol. 2

Sin Maquillaje # 2
Exposición de video artistas colombianas
Cabeza de Ratón
Fundación Gilberto Alzate Avendaño.
Calle 10 # 3 – 16 Viernes 25 de Abril 2014 hora 7:00 pm
Entrada Libre.

“Kidnapping and representation: Images of a sovereign-in-the-making”

November 8th, 2013

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Artísta: Alejandro Sánchez.
Título: Carlos José Duarte, Jorge Trujillo Solarte, José Libardo Forero, Luis Arturo Arcia, Wilson Rojas Medina, Robinson Salcedo Guarín, Jorge Romero Romero, Cesar Augusto Lasso, Luis Alfredo Moreno, Luis Alfonso Beltrán. Dimensiones: 43 pulgadas x 43 pulgadas
Técnica: Archival Inkjet Print Año: 2010

Hola a todos, Aca esta un capítulo de mi disertación. Oigo comentarios.

Hello everybody, Here is a chapter of my diss. Let me know what you think

Clau

PS: Gracias Alejandro por dejarme usar tus imágenes! Y gracias Mara hermosa por toda tu ayuda!

 

Tanja, la bailarina exótica de las FARC

March 22nd, 2013

Video Tanja

Hoy me encontré con el video de Tanja bailando música electrónica en medio de la selva. El video, que muestra Semana y que la revista también comenta, me recuerda una serie de comentarios de mis tías. Recuerdo que ellas ofrecían comida a quienes en otra época se conocían como gamines. Pero cuando ellos, al mirar el plato, y después de examinar su contenido decidían que estaban inapetentes, mis tías entraban en furia y decían, “Tan exigente, muerto de hambre y le hace el feo a la comida.” Pareciera que esta frase estuviera cargada de todo el sentido común. ¡Ay el video de Tanja! En el video la vemos bailando y contornándose al sonido de la música electrónica, a lo que la revista comenta que esta escena no pareciera suceder en las selvas Colombianas sino una discoteca en Londres o Ámsterdam. Y yo me pregunto, si esto también es producto del mismo sentido común usado por mis tías. Acaso usted no ha tenido la experiencia de cantar en la ducha o con un trapero a grito tendido sin necesidad de estar en México, Valledupar o Londres. La música precisamente tiene esa capacidad, nos disloca, nos envuelve sin espacio solo en el tiempo o destiempo de su misma melodía o carencia de ella. Esto lo escribo no como una defensa a Tanja; me da igual. Lo que me parece se debe cuestionar es el uso de ese sentido común que pasa del lo justo a lo moral y a la verdad sin ningún tipo de cuestionamiento, donde se naturaliza un deber ser: el gamín que debe comer lo que sea, salado, dulce, aún lo que no le gusta por el hecho de “ser pobre” o “tener hambre”. O en el caso de Tanja, una guerrillera holandesa a la que se le exige un deber ser guerrillera, un comportarse de cierta manera en la selva Colombiana. Este deber ser no sólo se ancla en una esencia sino que se le atribuye un deber ser anclado en unas coordenadas espacio temporales que señalan esa selva como Colombiana (no se donde esta el tricolor de un paisaje que desaparece constantemente de la Colombia que clamamos como nuestra). Pareciera que el comentarista ve el video, la danza exótica, como el resultado de una dislocación de una Holandesa viviendo en una guerra que no le pertenece en una selva Colombiana.

La revista continua “Tanja se contornea bailando sensualmente con otra guerrillera y un subversivo que hace un gran intento por tratar de moverse al ritmo de una música que claramente les es ajena. Todo ocurre frente a la mirada de un grupo de guerrilleras que mira sin mayor emoción y comprensión el show de Tanja, la bailarina exótica.” El escritor claramente ve algo en la transparencia de la imagen. Esa claridad yo no la veo; el video es opaco. Por el contrario, veo en las palabras que escribe, en la articulación de texto e imagen, comentario y video, que el escritor ha decidido definir un sentido de pertenencia, de país, de música, de lo que se debe escuchar y bailar, de lo que se debe esperar de un guerrillero, tanto de la Holandesa como de los Colombianos, a los que el escritor ve sin mayor emoción y que tratan de bailar algo que no les pertenece. En sus comentarios solo veo/leo claramente un perverso sentido común que se resiste a entender el por que de la cosas y sólo asume que el gamín debe comer por que tiene hambre, y que si decide estar inapetente, o bailar una música no Colombiana en medio de la guerra/selva es por las contradicciones inherentes a una falsa conciencia, o a las contradicciones inherentes del conflicto Colombiano. En la articulación texto e imagen vemos como esas estructuras de inherencia no se conceptualizan sino se dejan como la natural explicación de las cosas.

Carolina Caycedo en La Central REPRESA-REPRESION: BE DAMNED

October 22nd, 2012

Carolina Caycedo nos presenta REPRESA-REPRESION: BE DAMNED.  Este díptico fotográfico es la imagen del rio Magdalena desviado de su curso para la construcción del proyecto represa/hidroeléctrica de El Quimbo. Carolina nos invita a pensar procesos de contención y flujo; ella captura esta imagen, y nos devela analogías visuales en una cadena de sentidos entre la mirada y la política. La contención del rio, el paisaje transformado, la contención de los habitantes de la zona en pro de un nuevo flujo de capital, contención de agua, flujo de energía para exportación, evidencian que en contenciones y flujos existe una reorganización de la visualidad como un proceso disciplinar de la mirada. De ahí surge una actividad contemplativa propia del paisaje pero que es aplicada en favor de nuevos desplazamientos de mercado.

Recordemos las políticas tempranas de la Seguridad Democrática. Pensemos en conjunto y paralelamente las zonas de rehabilitación y consolidación y la campaña publicitaria Vive Colombia Viaja por ella. Dos políticas distintas pero que están enmarcadas en procesos de contención y conformación de flujos. Por un lado tenemos municipios enteros donde sus pobladores son represados, allí no hay salida, ni entrada. En estas zonas, al personal militar se le otorgó poderes especiales para restringir el movimiento, imponer toques de queda, realizar detenciones, allanamientos, registros domiciliarios e intercepciones telefónicas sin autorización judicial previa. Estas estrategias de movimiento y cierre implicarán una espacialización del poder que reclutó la geografía misma como estrategia unificadora de un paisaje. Con el fin de unificar un sentimiento de patriotismo, y de consolidar una Colombia para los colombianos – una categoría que excluye aquellos contenidos en cercos militares o humanitarios— esta geografía transformada le permitió alimentar y generar una vulnerabilidad desde el centro hacia lo otro, hacia todo aquello que está por fuera de su registro.

El dominio de esta tierra sólo puede ser posible gracias a la simbiosis entre la estrategia militar y experiencia cinematográfica la cual comienza por salir de la ciudad acompañados por helicópteros y convoyes militares y termina en la construcción de un paisaje como paraíso donde fluye leche y miel/flujos de capital. Es aquí donde la intervención de Caycedo nos invita a pensar en la cadena de procesos en donde el desvió del rio Magdalena y la represa son más que un proyecto de infraestructura, ellos reflejan como espejos una estrategia visual y política.